• CONCURS CÒMICS


    Concurs d’Infància Missionera
  • ANIMACIÓ MISSIONERA


    Recursos per l’animació missionera de nens
  • GESTO


    Revista missionera pels nens
  • ANIMACIÓ MISSIONERA


    Recursos per l’animació missionera de joves
  • SUPERGESTO


    Revista missionera pels joves

miércoles, 18 de marzo de 2015

HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA

Fotografía
En éstos últimos días hemos conocido la noticia de que el ciclón Pam había arrasado algunos lugares de Oceanía, en concreto la isla de Tanna, al sur del archipiélago de Vanuatu. También en dicho lugar, como en tantísimos otros, la Iglesia Católica tiene hombres y mujeres misioneros predicando la Palabra de Jesús y asistiendo materialmente a aquellos que más lo necesitan. Algunos de éstos misioneros son compatriotas nuestros de diferentes instituciones religiosas. Obras Misionales Pontificias ha intentado ponerse infructuosamente en contacto con alguno de ellos, pero las noticias que van llegando confirman que no se teme por su vida, aunque sí han sufrido cuantiosos daños materiales.
Uno de éstos misioneros es el hermano corazonista Antonio López, que colaboró testimonialmente con la Jornada de Infancia Misionera en el año 2013. Gracias a Dios se encuentra bien, ilusionado y renovado en su entrega generosa a la vida misionera en tierras tan lejanas.
Con motivo de la Jornada del Domund 2014, envió su testimonio que reproducimos a continuación:


Testimonio del hermano Antonio López García-Nieto, con motivo del Domund 2014:
Antonio López García-Nieto pertenece a los Hermanos del Sagrado Corazón. Licenciado en Ciencias Religiosas por la Universidad Pontificia de Salamanca y en Filología francesa por la Universidad de Zaragoza, llegó con 18 años al Pacífico, en 1977. Ha ejercido su apostolado con los niños y jóvenes en las islas de Nueva Caledonia y Uvea. Actualmente trabaja en el Colegio Técnico y Liceo de la misión católica de Lowanatom, situada en la isla de Tanna, al sur del archipiélago de Vanuatu (Oceanía).
"Renace la alegría en las islas lejanas, en los confines del mundo, en las tierras de Oceanía. Soy misionero en la República de Vanuatu, en plena Melanesia. Llegué a estas islas cuando tenía 18 años, como joven religioso Hermano del Sagrado Corazón. Hoy tengo 56 años y estoy ejerciendo mi apostolado en la misión católica de Lowanatom que se encuentra en la isla de Tanna. Mi misión es anunciar el Evangelio especialmente entre los jóvenes por medio de la educación. Soy profesor de lengua francesa, historia y religión, además de realizar otros servicios en el colegio (subdirector, responsable de pastoral, enfermero, responsable de proyectos.).
Mi vida está marcada por los jóvenes a los que quiero con locura y a los que me entrego sin reparar en fatigas. Esta misma semana, en el estudio de la noche que es cuando me dedico a curar heridas y atender a los enfermos, una de mis alumnas me preguntaba: "¿Hermano, no está cansado de todo el trabajo de este día? ¿Por qué, además, tiene ánimo para venir a curarnos?" Yo le respondí muy sonriente: "Esto no tiene misterio, es porque os quiero. Vosotros sois la razón de mi vida." A lo cual, ella me respondió muy sonriente: "Nosotros también te queremos mucho. Muchas gracias".
La alegría del Evangelio, según mi experiencia, no consiste en pasar la vida sin tener problemas, sin tener que superar dificultades. La alegría del Evangelio consiste en hacer todo con mucho amor. Es poner el corazón en todo, hasta en las cosas más pequeñas. La alegría del Evangelio consiste en sonreír aunque a veces se llore en el alma, aunque la fatiga y el cansancio hagan acto de presencia. Como misionero educador, he tenido y tengo que pasar por muchas dificultades tantas veces debidas a la diferencia de cultura y de mentalidad de la sociedad melanesia en la que vivo, a la pobreza y falta de medios para realizar mi labor, a la incomprensión y a veces incluso al rechazo. El secreto de vivir feliz y alegre es sentirme muy unido a Jesucristo que es el motor de mi vida, es meditar y saborear cada día el Evangelio, es vivir en fidelidad mi consagración al Señor, es abrir mi corazón de par en par a los jóvenes a quienes he sido enviado.

El Señor colma cada día mi vida. ¡Cuántas veces me sorprendo a mí mismo con una oración espontánea que brota de mi corazón alabando a Dios por todo lo que hace en mí y a través de mí cada día, por la dicha de haber sido llamado a la vida consagrada al servicio de los jóvenes, por haberme dado la vocación misionera, por haberme enviado a estas islas perdidas en medio del océano Pacífico! ¡Me siento un privilegiado! ¡Cada día renace en mí la alegría y la gratitud!"

Para más información: